miércoles, 17 de febrero de 2016

LAS BRILLANTES LUCES DE LA CIUDAD, de Daniel Rabal Davidov

-- una reseña de Tive Martínez, 2016



Tengo la doble sospecha de que la escritura de esta novela parte de un diario personal del estudiante que todavía es su autor, y de que su manuscrito original apenas ha sido editado por nadie más que él. Eso está bien, porque nos hemos acostumbrado demasiado a que los adultos sean quienes seleccionan vivencias o fantasías de su adolescencia para pasarlas por el filtro de la nostalgia, cuando no de la idealización y, definitivamente, de la literatura.

Daniel Rabal Davidov cuenta su experiencia adolescente sin filtros, tal cual en el momento en que sucede, y entiendo que lo que cuenta le ha sucedido de verdad, pues todas los detalles coinciden con lo que él mismo hace público, por ejemplo, en su cuenta de Facebook.

Por otro lado, esta inmediatez afecta a la novela en sí misma, en la que no hay personajes como tales, sino personas que aparecen y desaparecen como en la vida real. Aquí no hay intriga o conflicto que se nos plantee. Simplemente, un año en la vida de un chico de 16 años.

Su voz se caracteriza por un enorme candor junto a una desbordada tendencia a lo sublime. Este es otro de los valores de su escritura, que por otra parte también la lastran en su exceso de Mayúsculas y exclamaciones. Tal y como se muestra, Daniel es un completo neo-romántico, con ansias de Absoluto y Elevación. A ras de suelo, esto se traduce en lo habitual de todo adolescente: sexo, música y política, llevados al extremo de la Pasión, ya sea por propia personalidad o por lecturas desmesuradas de Lord Byron.

Pero Daniel no es ni un Rimbaud ni un Lolito. En realidad, tiene todavía mucho de niño. Su mundo es el de las discotecas sin alcohol, los veranos en la playa, los paseos por una ciudad (Madrid), llena de luz y promesas, que todavía no le ha mostrado sus miserias.

La única droga mencionada es la propia adrenalina. El sexo llega poco más allá del juego de atrevimiento o verdad y el petting. Es así su reconfortante ingenuidad, en la que cada centímetro de piel acariciado (por debajo o por encima de la ropa) es un paso emocionante en la vida. En cuanto a la política, amo su pensamiento limpio de ideología, con todo y sus contradicciones a mí también me desesperan los piji progres, Daniel!

En cualquier caso, este libro es un debut genuinamente inmaduro, al que hay que apreciar tal y como se entrega, sin pedirle más. A mí me ha ofrecido sorpresas muy agradables, como la palpable fisicidad de los encuentros entre muchachos y muchachas libres en estos tiempo de tiranía de lo virtual. Gracias, Daniel, por recordarnos el valor de cada conversación, cada momento compartido con los amigos, cada beso único.


--- "Las brillantes luces de la ciudad", de Daniel Rabal Davidov, ha sido publicada por Amargord Ediciones.