jueves, 1 de diciembre de 2016

"Pequeñita", de Paula R. Mederos (reseña)

-- una reseña de Tive Martínez, 2016




En estos tiempos en que se nos pide ser fuertes y agresivos para combatir el mal, hay una poeta española (Santa Cruz de Tenerife, 1993) que se permite ser frágil: pequeñita.

Es una reacción básica frente a la dura Ley de la Selva. Paula R. Mederos sabe del dolor y de dónde procede. Por tanto busca refugio, como hormiguita, bajo la tierra o bajo una manta para estar a solas. Pero, si es en compañía, bien también!   

Como dice la cita de Angélica Liddell, "ojalá sobrevivan los débiles, porque si sobreviven los fuertes estamos perdidos".

En este sentido, "Pequeñita" tiene varios rostros. Desde luego la niña, pero también la madre. El tumor que mata. El bebé abortado. La propia poeta y su amante. Todas las pequeñas amenazadas por una pulsión de muerte.

Pequeña es también la escritura, con origen en el formato reducido de Twitter y otras redes sociales. Muchos de los poemas son puros gorjeos de pajarito enjaulado. Otras veces se desarrollan en torno de animales (alacrán, buitre, gato) impuros.

Paula proviene de una estética gótica (huesos, esqueletos, cadáveres, tumbas). Particularmente, se desenvuelve bien con la simbología religiosa, como en el estupendo poema "Los clavos de Cristo":

Los clavos de Cristo

los huecos que dejaron los clavos en las manos de Cristo

los huecos que dejaron los clavos en los pies de Cristo

Cristo convertido en fuente
Cristo purificado por dentro con agua maldita
Cristo purificado por fuera con sangre envenenada

Cristo en un after
Cristo bajo tierra
Cristo en los infiernos
Cristo en otro after

Cristo ateo

Cristo empuñando almas
Cristo jugando con un clavo
sacando otro
Cristo desmontando la cruz

Cristo haciendo una hoguera

Cristo ya muerto
no quedan cenizas

Paula escribe estos versos telegrafiados que enervan a críticos y poetas, esclavos del ritmo, porque no forman parte de una obra acabada, un armazón consistente, un artefacto.

Llevo las costillas al aire
por si a mis pulmones les falta.

Poemas abruptos, fragmentados. Que se asumen imperfectos, en esbozo. Esos poemas que están palpitando en redes y recitales, en los que importa tanto el desahogo del poeta como brindar una metáfora inesperada, como salvavidas, a quien la escucha.

Un lápiz no acuchilla, pero lo intenta.


-- "Pequeñita", de Paula R. Mederos ha sido publicado por Ediciones en Huída, 2016

miércoles, 30 de noviembre de 2016

"FOLLAR", de LUCÍA DOMÍNGUEZ (reseña)

-- una reseña de Tive Martínez, 2016




Bien por Libros En Su Tinta, por la edición en condiciones del debut de Lucía Domínguez  así tendría que ser el estándar de impresión en nuestro país, y no el papel del culo que se nos vende con letra de hormiga y tinta invisible.

Pero, por otro lado, no me convence la ilustración de portada: un óleo fetichista de L. E. Gav Thorpe. A primera vista, le da un toque de fantasía sicalíptica, cuando resulta que el tema de la novela es el contacto brutal con la realidad.

Ilustración sepsi y título explícito pueden llevarnos a pensar que vamos a leer una de esas memorias eróticas de ninfómana o lolita tras las que muchas veces se esconden señores autores barbados. O, si no pasamos de las primeras páginas, que se trata de un revival de aquellas novelas ochenteras, de cuando se estilaban los testimonios y confesiones con foto de Linda Blair en la cubierta.

"Follar" es otra cosa. Luci nos hace sentir en primera persona lo que es aguantar con paciencia todo un desfile de individuos impresentables entre sus piernas. No es que, como ella misma dice, no tenga éxito con los hombres: es que ella es un imán para colgados y garrulos. Algo así como la Hanna de "Girls", con la que comparte pasión literaria.

Follar por aburrimiento. Por inercia. Por soledad. Pero principalmente por compasión, en unos escenarios (pisos compartidos, váteres de garito, rellanos, solares) desoladores donde los únicos momentos de ternura se deben al alcohol y las baladas heavies.

Cuando sucede el único de los momentos de verdadera química sexual, significativamente en ausencia de 'romanticismo' pero con verdadera conexión de iguales, entonces dan ganas de aplaudir,  como anteriormente daban de abuchear a los babosos partenaires y no hago demasiado spoiler si adelanto que dicha conexión está condenada a ser fugaz.

Si se quiere, se puede hacer de "Follar" una lectura feminista o política. Luci busca pareja, busca casa y trabajo. Lo mismo ocurre con el resto de personajes que entran, salen y desaparecen de su vida. Todos viven en condiciones muy precarias, en la periferia de Barcelona o en uno de esos pueblos costeros catalanes con tiendas de bisutería a lo Bolaño

Pero la autora nunca hace una denuncia muy explícita. Este es uno de los aciertos de la novela. Como las pinceladas grotescas que definen personajes y escenarios. Siempre con la ternura mezclada con el humor más bestia.

"Follar" interactúa sin saberlo con otras dos novelas debutantes publicadas este año. Por ejemplo, es el reverso oscuro de "Las brillantes luces de la ciudad" de Daniel Rabal Davidov. Ambas comparten gran urbe y escapada a pueblo de mar, ambientes musicales y personajes secundarios que van y vienen, como en la vida misma. Pero, ¡qué distintas son!

La otra novela, también titulada en infinitivo, es "Partir" de Lucía Baskaran, ciertamente emparentada aunque divergente en construcción y estilo —"Partir" es mucho más 'novela' . Las dos Lucías se entregan en los detalles escabrosos, les puede el humor negro. Las dos sufren la idiocia, cuando no la violencia, de los hombres llamar 'machos' a estos incompetentes sería un halago.

La protagonista de "Partir" es mucho más estirada y cruel, mientras que Luci es un trozo de pan del que todos mojan —pero da lo mismo, ambas son igual de frágiles. "Partir" y "Follar" acaban emparentando a su vez con la crónica de la enfermedad mental de la pionera "La campana de cristal" de Sylvia Plath.


-- "Follar" de Lucía Domínguez ha sido publicada por Libros En Su Tinta, 2016

jueves, 24 de noviembre de 2016

CONJURO



Ahora que la sombra de la corrupción, Rita,

se abatió sobre ti, inclemente y definitiva,

que la pureza de tu cadáver regenere la tierra

sucia de pecados de otras santas y brujas.




-- un poema de Tive Martínez, 2016 

-- fotografía: EFE

DÍA DE LA FRUTA

¿Acaso sabe una madre bajo qué sombra
se pudre la desterrada merienda?
No, no lo sabe. Ni lo imagina.

¿Cómo reconocer la manzana
que el niño arrojó, sin descarnar,
en esta desecada momia?

¿Que aplastó con sus manos el fruto,
como quien revienta una víbora
por el placer de desentrañarla?

La madre trocea medialunas
de pera, lo mismo si cercenara
sus uñas y las aderezara.

Colorido sepulcro, el tupperware,
El kleenex como sudario.
Cuna de larvas de los mosquitos.

¿Quién medrará estallando naranjas
con la indolencia del que destroza
ácidos cráneos de alienígenas?

Vitamina sumida en el asfalto,
meticulosamente mordisqueada
por aureolas de hormigas.

La desnutrición avanza en tanto
no distinguimos corazas de cucaracha

de pellejos de mandarina.



-- poema y fotografía de Tive Martínez, 2016