viernes, 16 de junio de 2017

VENDAJES, un poema para Amarna Miller



"Hay días en que tienes que grabar una escena 
y la haces porque es tu trabajo"
(Amarna Miller)


como actriz a la que no le apetece
pero igual se maquilla, y tira de oficio
y lubricante

así calzo yo el uniforme, en tanto preservo
mis heridas y vendo mi cuerpo
(con esparadrapo)

como ella, protejo mis ojos de quemaduras
anudando durezas con deformidades
y todo tan dignamente

sin hacer daño a nadie
(que es lo hoy más me apetecería)


--un poema de Tive Martínez, 2017

miércoles, 10 de mayo de 2017

"No te acabes nunca" de María Leach (reseña)



Atención: el contenido de este libro es muy frágil. Se recomienda una lectura previa de la biografía en solapa, así como del pertinente prólogo de Paula Bonet

Tan indispensable como leer el libro de principio a fin y en el orden en que están dispuestos los poemas. Es decir, que aquí no vale con mirar la portada con displicencia, abrir páginas al azar y picotear unos versos.

Leído así, al vuelo, no hay por dónde cogerlo. "No te acabes nunca" se nos caería de las manos y podría romperse. Luego, todo serían comentarios sarcásticos y que si instapoetry y que si poetuits, cuando resulta que este libro es el más puro ejemplo de la fuerza de la palabra poética. De poemas claros, cristalinos, que dotan de sentido al esfuerzo de buscar una explicación a los dramas cotidianos mediante la escritura.

Así que fuera soberbias críticas y parapetos. Hay que conocer la biografía de la autora para entender por qué Charlie y Nico, y qué papel tiene Paula Bonet en todo esto. Ser un lector receptivo. María ha hecho gran parte del trabajo por nosotros, decantando su experiencia personal de la pérdida y el luto en poemas limpios de retórica. 

Y sin miedo al vacío: están cargados de transcendencia. Lo que no tienen es la espiritualidad postiza de postal o meme, porque ocurre que "pan con tomate y tortilla" en domingo y un niño ríe con Pocoyó.

Ya digo que no voy a espigar ningún poema. Ahora, que el lector se sujete la armadura con cuidado. Advertencia: se le romperá el corazón, pero viene con garantía.


-- una reseña de Tive Martínez, 2017

-- "No te acabes nunca" de María Leach (Espasa es Poesía, 2017)

lunes, 8 de mayo de 2017

“ALEKSANDR SOLZHENITSYN”, de Lolita Copacabana (reseña)

Lolita Copabana (Buenos Aires, 1980) debuta como novelista poco después de destacarse como difusora de la Alt Lit en América Latina, así que no es del todo sorpresa la apariencia taolinesca de “Aleksandr Solzhenitsyn” (Momofuku Libros, 2015), que inmediatamente nos conduce a pensar en “Richard Yates” por su uso expresivo del nombre de un autor en su título, pero también por utilizar como nombres de sus protagonistas los de actuales celebrities, cuyos rasgos más visibles y populares mantienen oblicuamente.


La novela está redactada en un registro invariable, próximo al informe jurídico o policial, por lo que a lo largo de sus casi 200 páginas sus personajes aparecen siempre bajo sus nombres completos. En ausencia de pronombres que los sustituyan y alivien el relato, esta reiteración de nombres famosos como identificadores de sus personajes, por increíble que parezca, es significativa e instigante. Es decir, que el registro elegido, entre la transcripción pura de hechos y una casi nula introspección psicológica, tan arriesgado como recurso narrativo, nunca resulta cansado ni automático.


Al contrario, nos sitúa en alerta permanente. Es inevitable poner rostro a los protagonistas, conforme a quienes creemos que son sus contrapartidas en el mundo real. Y cada vez que leemos sus nombres, nuestra atención es captada al instante, con el poder de atracción/repulsión que ejerce el famoseo y su glamour.


Esta novela debe ser aceptada tal y como se ofrece, pues una vez entramos en el juego la experiencia literaria es completamente satisfactoria. Despierta en el lector una actitud voyeurista nada despreciable. Así, la lectura nos hace semejantes a paparazzis, persiguiendo celebridades por las calles. Llegamos a conocer todos los movimientos de las protagonistas por una improbable Buenos Aires, en un extraño clima de mundo virtual o paralelo, tan detalladamente híper-realista como es descrito.


Se trata efectivamente de un ultra-realismo que dota  a sus personajes de gestos tan nimios, tan vacíos, que podemos cargar de cualquier significado. Por eso la novela acaba siendo mucho más que una parodia de la Chick Lit, con su epidérmica caracterización y la menudencia de sus conflictos existenciales, puesto que, aunque soterrada, se fomenta la compasión por el destino de sus errantes protagonistas. Pequeños detalles ennoblecen sus figuras mezquinas, y el lector toma cariño a estos avatares, como el jugador de simuladores de interacción social puede llegar a sentir empatía hacia sus desdichados y vacuos monigotes.


Lolita Copacabana ha colmado con éxito su experimento de estilo, abriendo nuevas posibilidades para, desde la ficción, explorar ese asunto tan elusivo que llamamos Realidad.


-- una reseña de Tive Martínez aka José María Martínez, publicada originalmente en Los Perros Románticos / Reseñas del Conserje, 2015

--de haber sido escrita en la actualidad, el crítico citaría "E! Entertainment", el libro de transcripciones de reality-shows de la californiana Kate Durbin, como referencia de estilo

--  Lolita Copacabana es Lola Copacabana, presente en la lista Bogotá39-2017, con 39 de los mejores escritores de ficción menores de 40 años de América Latina. 

"Píldoras de papel", de Ana Patricia Moya (reseña)




"Píldoras de papel" (Huerga & Fierro, 2017) o poemas como cápsulas medicinales. ¿Para curar qué dolencias? Me temo que sean muy variadas y existe la sospecha de que la poesía también pueda ser causa de males.

Ana Patricia Moya (Córdoba, 1982) titula "Sonámbula" al primer bloque de sus poemas, que bien podría llamarse 'insomne' o 'zombi'. En cualquier caso, se refiere a una mujer pues queda claro que estamos en el ámbito de la mujer desde la cita inicial de Adrienne Rich—, una adolescente torturada por los monstruos que habitan su mente. 

La niña de 16 años ha descubierto que Dios no existe, y el mundo no tiene sentido. Tras la agonía de la revelación, tendrá que aprender a convivir con esa espantosa lucidez. En un primer momento, los ansiolíticos funcionan. Pero con el tiempo, no hay química que pueda enfrentarse a la realidad de Ciudad Angustia.

Estos primeros poemas, en los que la poeta se reconoce en su época más oscura, son de lectura engañosamente fácil. Varios de ellos están armados sobre una estructura atormentada, con versos en permanente conflicto con la métrica y los buenos modales. Es la marca de la casa:

"Sin asomarme a la taza del váter
                                                                       mastico mierda todos días."

El segundo bloque de poemas, "Peter Pan y sus fantasmas" —tan extenso y contundente que daría para un poemario suelto por sí mismo— cuenta un cuento de la vida en el que los príncipes son lobos y cerdos y, las princesas, cerdas y brujas. 

Es un cuento agridulce con altas dosis de realidad, de la que no se libran ni los peores villanos: Garfio, el Hombre del Saco, la Reina de Corazones. Todos pasan por un filtro de grisura urbana donde las coronas son de cartón de Burger King.

Decir que estos poemas son relecturas feministas de cuentos infantiles y pelis Disney es demasiado obvio. Hay más. Hay un fondo de dolor, de pura misantropía que no repara en géneros, de la que solo salva la ocasional ternura cuando la poeta se identifica con la hormiga —la de la fábula, de la que se aprovechan las cigarras—, con Pulgarcita o con la loca de Alicia.

"Sí, yo le he arruinado la vida a Peter Pan
  y a sus secuaces,
  pero él me traicionó
                                               me traicionó

            porque no existe el refugio de la felicidad eterna
                        porque no puedo ser niña para siempre."

Los últimos dos bloques son de menor extensión, como una especie de anexos. "Eso extraño que llaman amor" incluye poemas con variaciones sobre los horrores románticos. Para acabar, "Mi corazón es una tundra" revisita Disney —y Pixar— con poemas de una técnica más experimental que incorpora citas de Isla Correyero y de nuevo A. Rich.

"Solo nos queda escribir
testamentos únicos de supervivencia
para escapar de la locura

                                                                       para dar sentido a tanto dolor."


-- una reseña de Tive Martínez, 2017 
-- "Píldoras de papel" de Ana Patricia Moya ha sido publicado por Huerga & Fierro editores, 2017

sábado, 22 de abril de 2017

"Diário da piscina" de Luís Capucho (reseña/resenha)




Es evidente la preferencia de Luís Capucho como narrador por los espacios cerrados, tan perfectamente acotados que el lector puede dibujar en su mente un plano de cada uno de ellos. Así, la sala porno propicia al sexo anónimo de "Cinema Orly" (Interlúdio, 1999), la casa de huéspedes hostiles de "Rato" (Rocco, 2007), incluso el autobús en peregrinación al Santuario de Aparecida de "Mamãe me adora" (Edições da Madrugada, 2012).

En esta ocasión se trata de una piscina donde el protagonista realiza sus ejercicios de rehabilitación entre monitores de cuerpos atléticos y sus alumnos en diferentes estados de desahucio: el niño con senilidad precoz, la señora sin pierna, el viejo demente, el joven Down, el japonés con sobrepeso. El contraste de los cuerpos jóvenes magníficos y los otros cuerpos con taras —entre los que se cuenta el del narrador, inspirado en las secuelas motoras de la enfermedad del autor— recuerda mucho al que existía en el submundo del Orly, a su vez reminiscente de la caverna de Platón.

También en el aspecto espacial hay similitudes, con espacios paralelos como las gradas, los lavabos/vestuarios, la fuente. Pero hay una diferencia notable entre "Diário da piscina" y "Cinema Orly" que tiene que ver —como toda la obra de Capucho, donde se confunden la autobiografía y la ficción— con las distintas condiciones vitales en que han sido escritas las dos novelas. 

"Cinema Orly", su extraordinario debut literario, fue un caso perfecto de escritura al límite, comenzando por el hecho de que el propio autor se encontraba en aquel momento al borde entre la vida y la muerte. Su actitud, entonces, fue profundamente confesional, pura visceralidad que no reparaba en las consecuencias. De nuevo, en "Diário da piscina", vuelve Capucho a hacer una ejercicio de memoria pero,  en contraste con la rabia por la expulsión del paraíso que había en "Cinema Orly", esta vez se trata de un paraíso conquistado en el que el componente diabólico, que siempre acompaña a la mirada del narrador en todas sus obras, acaba siendo integrado, acogido.

Infierno y Paraíso siempre se confunden en la óptica maldita de Capucho. Pero ahora, cuando el cuerpo enfermo comienza a recuperar la salud, no hay paraíso perdido: la piraña vieja —un eco de aquel traíra, el solitario pez depredador que merodeaba en la oscuridad del pantano del Orly junto a otros seres reptilianos— se desliza plácidamente en las aguas luminosas de las piscina.

Todas las imágenes florales y faunísticas de esta nueva novela hacen referencia a una selva primordial, un lugar de inocencia salvaje. La pureza del agua y de la luz dan la clave de esta obra, que es la mirada pura con la que el narrador participa en la pequeña sociedad cerrada en torno a la piscina. 

Debo explicar mejor a qué me refiero con este concepto. La mirada de Capucho es pura porque es única: nadie más tiene esa mirada, ni en la literatura brasileña ni en ninguna otra. Su mirada recibe y acepta los cuerpos de las otras personas como nadie más es capaz, con una sensibilidad que va más allá de lo lascivo. Nunca hay agresividad —por más que al narrador le guste de vez en cuando posar irónicamente de malo— en esa mirada que ennoblece la materia, embellece lo cotidiano, la ruindad y decadencia de los cuerpos. No es mirada de piraña vieja: los cuerpos quedan reducidos a su materia primigenia. Es mirada de rayos-x que los desnuda de ropajes socio-culturales para dejarlos sin impurezas, sin disfraces o máscaras.

En este sentido, es significativo el uso de referencias clásicas greco-romanas. Los personajes tienen nombres latinos, como el del propio narrador —Cláudio, seguramente inspirado por el famoso emperador tullido—, el escenario recuerda a unas termas y también a un anfiteatro. Los jóvenes monitores adquieren, por último, la condición de dioses del Olimpo. La propia estructura de la novela, en entradas de diario en las que se repiten los mismos mínimos sucesos día tras día a lo largo de un año, contribuye a la sensación de eternidad, del ser detenido en su perfección.

Una novedad importante de esta novela con respecto a las anteriores —y que abre la posibilidad de nuevos registros para el autor— se da en los trayectos en autobús, de casa a la piscina, en los que este peculiar voyeur arranca los velos del Brasil tópico y sensualiza lo que otras miradas menos políticas —de nuevo en el sentido clásico, de foro público— solo miran con distancia y asco.

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É evidente a preferência do Luis Capucho -como narrador- pelos espaços fechados, tão perfeitamente dimensionados que o leitor pode desenhar na sua mente um plano de cada um deles, bem seja a sala pornô propícia ao sexo anônimo do "Cinema Orly" (Interlúdio, 1999), a casa de hóspedes hostil do "Rato" (Rocco, 2007), mesmo o ônibus em peregrinação ao Santuário da Aparecida do "Mamãe adora me" (Edições da Madrugada, 2012).

Nesta ocasião, trata-se de uma piscina onde o protagonista realiza exercícios de reabilitação entre instrutores atléticos e outros alunos em diferentes estados de desalento: a criança com início precoce da senilidade, a senhora sem perna, o velho louco, o jovem Down, o japonês com sobrepeso. O contraste dos lindos corpos jovens e os corpos tarados - incluindo o corpo do narrador, no rescaldo das próprias doenças do autor- faz lembrar muito do Orly, em volta reminiscente da caverna de Platão.

Também no aspecto espacial existem semelhanças, com espaços como as escadas/arquibancadas, banheiros/vestiários, a fonte/bebedouro. Mas há uma diferença notável entre "Diário da piscina" e "Cinema Orly" que tem à ver - como todo o trabalho do Capucho, onde você confunde autobiografia e ficção- com as diferentes condições nas quais foram escritos o dois romances.

"Cinema Orly", sua extraordinária obra literária de estréia, foi um perfeito caso de escrita nos limites, começando com o fato de que o próprio autor era nessa altura na borda entre a vida e a morte. A sua atitude, então, foi profundamente confessionária, atitude visceral que não repara nas consequências. Novamente, no "Diário da piscina", ele fez um exercício de memória mas, em contraste com a raiva pela expulsão do Paraíso no "Cinema Orly", desta vez é um paraíso conquistado. O componente diabólico que acompanha sempre o narrador em todas as suas obras, acaba sendo integrado: o anjo caido é feito hospede.

Inferno e o Paraíso sempre ficam confusos na óptica maldita do Capucho. Mas agora, quando o corpo doente começa a recuperar a saúde, não há paraíso perdido: a piranha velha - um eco daquele traíra, o predador solitário na escuridão do pantanal de répteis que era o Orly- desliza-se pacificamente nas águas da piscina.

Todas as imagens de flora e fauna deste novo romance fazem referência a uma floresta primária, um lugar de inocência. A pureza da água e da luz são a chave do olhar puro com que o narrador participa na pequena sociedade fechada à volta da piscina.

Gostaria de explicar melhor o que quero dizer com este conceito. O olhar de Capucho é puro porque é único: mais ninguém tem esse olhar, nem na literatura brasileira ou em qualquer outro lugar. Seu olhar recebe e aceita os corpos das outras pessoas com uma sensibilidade que vai além do ato libidinoso. Nunca é agressivo -por mais do que o narrador gosta ocasionalmente de ficar no lado escuro-,  é olhar que enobrece, embeleza o dia-a-dia, a miséria e a decadência dos corpos. É um olhar de piranha velha, sim, no entanto reduz os corpos à sua questão primordial. É olhar de ráio-x que tira o manto socio-cultural dos corpos para deixá-los sem impurezas, sem fantasia ou máscara.

Neste sentido, é significativo a utilização de referências clássicas greco-romanas. Os personagens têm nomes latinos, tais como o próprio narrador - Cláudio, certamente inspirado pelo famoso imperador aleijado-, o cenário recorda banhos termais e um anfiteatro. Os instrutores jovens assumem, finalmente, o status de deuses do Olimpo. A estrutura do romance, entradas de diário em que são repetidos os mesmos eventos dia após dia durante o percurso de um ano, contribui para a sensação de eternidade e de ser preso em sua perfeição.

Uma importante novidade deste romance com respeito aos anteriores -e que abre a possibilidade de novos registros para o autor- está presente nas viagens de ônibus, fora de casa para a piscina, em que este peculiar voyeur sensualiza os tópicos do Brasil pobre e contribui na política -de novo no sentido clássico, de fórum público- ao contrário de outros olhares que o olham com distância nojenta.



-- reseña/reseña de Tive Martínez, 2017

-- "Diário da piscina" de Luís Capucho (É selo de língua, 2007)