jueves, 17 de marzo de 2022

AHÍ, PRECISAMENTE

 

 

Como cuando te salta una langosta

al pelo y el pobre bicho se queda enganchado

con sus patitas crujientes.
 

Y lo dejas estar por no romperle nada

porque no hace ningún daño. Así me pasó

con aquella señora del asilo.

 

Ella estaba con su hija. Yo, de visita,

y se me lanzó de pronto a la entrepierna

con toda el alma.


La hija se afanó por separarnos

porque solo veía demencia en el gesto

y no la calaba.


Los viejos necesitan a los jóvenes

para no morir. Se mueren por un roce

de carne viva.


Dejé que se aferrara ahí, 

precisamente. No quise quebrar los nudos

de mano tan delicada.



--un poema de Tive Martínez, 2022

 

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