martes, 18 de febrero de 2014

EL FUEGO QUE INCENDIA EL AVE, de Dorothea Lasky




El fuego del poema está dentro de esta ave.
¡Oh Señor poema!
Mi Señor poema, serva me.
Sálvame oh Señor de los hombres, que tienen la certeza de envenenarme.
Sálvame del abuso y del juicio y del pecado al rojo vivo.
Llévame al puro fuego, el ojo encarnizado
Los fuegos ardientes de la mañana
Que violan su alma en llamas aladas.
Y en la llama de mi lengua
Oh Señor, fui yo, consumida en el fuego más santa que las demás.
Oh que yo en vuelo alado
Llegue a mi interior y extraiga
La niña de oro puro que
Arde hasta el grito.
Todos quedaremos limpios al sol
Y lavado será de nuestros huesos
El dedo de luz, el diablo translúcido
Que hace su cama mullida en nuestros huesos.
Y en nuestros huesos extiende su lengua diabólica
Lamiendo la médula tuya Señor que hay en nosotros.
¡Oh que fuera yo lo bastante pura
Para fundirme entre la tierra y los árboles
Y ser una con los bosques!
¡El corazón mío, derramándose en sí!
Como un árbol derramado de su cerebro.
Y volar arriba en dorada ceniza y hablar como árbol con aliento abrasador.
Sería yo disipandome contigo Mi Señor
En todopoderosa palabra abrasadora.


©  Dorothea Lasky , 2007 ("Awe", Wave Books) 
- de la traducción: José María Martínez /Tive, 2014 ©  fotografía de Dara Scully