lunes, 6 de marzo de 2017

EL SILENCIO DE LAS BESTIAS, de Unai Velasco (reseña)




“El silencio de las bestias” (La Bella Varsovia, 2014) no es el pasmo de los corderos, es la callada aceptación de la existencia en la mirada de Platero, el burro. Unai Velasco, el más juanramoniano de los poetas jóvenes, tiene su mismo afán de perfección y le inquieta que la palabra del poeta lo aleje de la realidad que poetiza.

A diferencia de Juan Ramón, la escritura de Unai es barroca, logorreica, por necesidad de llenar el espacio, no ya con adornos abigarrados estetizantes —no es tampoco poesía culturalista, aunque contiene muchas citas— , sino con una admirable profusión de versos, apurando al máximo las posibilidades semánticas y fonéticas de las palabras, que se reproducen, ante nuestro asombro, eco a eco.

En un libro ordenado a modo de misal, la palabra adquiere significados sorprendentes para expresar las experiencias, o incluso recupera sentidos borrados por el uso. Es el caso de misa, en su origen, despedida.

Ante la paradoja de ser convocados para luego ser despedidos, este poemario apasionante —continuación lógica de “En este lugar” (Esto no es Berlín, 2012)— , aunque añore para el hombre la silenciosa respuesta de las bestias, no puede más que explayarse hasta el límite del lenguaje, sin estupor pero sin llegar a perder la cordura.

"Importa la verborrea del amor", escribió Luna Miguel en un poema que tiene su compañero aquí (“Fiesta en Andorra”). Es la amistad, refugio que vertebra “El silencio de las bestias”, donde los amigos son establo. Es decir, ganado. Porque no perdido.


-- una reseña de Tive Martínez (publicada originalmente en Los Perros Románticos, 2014) 
+ reseña de "En este lugar": http://paradojasdelconserje.blogspot.com.es/2014/01/en-este-lugar-de-unai-velasco.html