lunes, 27 de febrero de 2017

"PERDIDA EN UN BOL DE CEREALES", de Elisa Levi (reseña)



Soy de los que, antes que ponerse a leer al escritor consagrado —y, por tanto, quemado en los altares—, antes que dedicar la atención al poeta perdido en sus manierismos, prefieren interesarse por aquel que apunta maneras.

Elisa Levi (Madrid, 1994) tenía veinte años y un puñado de poemas en redes. Ahora tiene un libro en la colección de poesía joven de Espasa, al lado del mejor de los autores surgidos de Internet: Óscar García Sierra. Con él comparte adolescencia desvalida, depresión combatida con pastillas y tuits —cuya peculiar rítmica, o la ausencia de ella, conforma su flow—, la incomodidad en fin de un cuerpo que se siente ajeno y más virtual que cualquier avatar de este juego de roles que llamamos sociedad. Óscar es un poeta nato, definitivo; Elisa es más irregular, a medio hacer. Pero cuando acierta, salen cosas como ésta:

"Voy a hacerme un bolso con tus arterias.
Por todo el daño causado.
Porque cuando el cielo vomita, mi corazón tiene hambre."

O ésta otra:

"Según la RAE, Necesidad: impulso irrefrenable.

De buscar la razón.
Hasta el punto de abrir en canal a los muertos,
rebuscar dentro de ellos,
levantar sus vísceras y pesar su corazón.
La humanidad odia los suicidios porque muchos no tiene explicación.

Las autopsias son el colmo de la necesidad."

Así que no puedo despreciar este libro de Elisa Levi por prematuro, si precisamente en su inmadurez está su valía: la belleza de lo imperfecto, incluso de lo fallido.

Varios de sus poemas se valen de referencias a la mitología clásica, con diversa suerte. Uno me da la impresión que invoca a Ulises cuando la referencia seria Orfeo. Otro desaprovecha la ocasión de citar a Prometeo/Frankenstein, dada la afinidad de la poeta con los monstruos y las huídas hacia el frío polar. Pero hay otro en el que convierte sus cabellos, agitados por las aspas de un ventilador —en este país de clima ya casi semi-desértico— en la cabeza de Medusa, lo que me resulta genial.

Por todo esto, nadie va a convencerme de que este libro debería permanecer confinado en las páginas de un diario o bitácora. No cuando así me hubiera perdido la ternura dark de versos como:

"A veces hablar de la tristeza puede llevar al equívoco.
Cuando te echo de menos cuento cerdos que entran en un matadero.
Cuando dejo de creer que mis vísceras son tuyas
intento imaginarte en la cama de otra persona.
En ese momento, dejo de tener vísceras.
En ese momento, me convierto yo en uno de esos cerdos, obligados a caminar hacia el matadero."

O estos otros:

"Me cuesta verlo todo.

Hay harmónicas en mi hígado que tocan sinfonías de mierda
que no sirven para nada más que para hacerles ver a los animales que son hermosos.

Sí, querido elefante, eres bonito.
Sí, querido león, eres el que más penita da de todos.

Pero tú,
bestia inmunda,
deja de intentar convencer a alguien de que estás bien
y reconócete a ti misma que estás podrida y desordenada."


-- Elisa Levi, "Perdida en un bol de cereales" (Espasa, 2016)
-- una reseña de Tive Martínez, 2017