jueves, 7 de julio de 2016

Discurso sobre la luna, de CHELSEY MINNIS




Pienso: "La luna es mía y míos son todos los cráteres".

Entonces empiezo a pensar: "Me cubre una fina lluvia de penas. Poseo todos los pájaros de hielo azul del pecado. Tengo el control del mar". Y: "Todo despunta desde el mar".

Entonces hundo mi mano en el aire y digo: "Quiero comer los peces-espada, luchadores del mar, que clavan sus espadas en los barcos". Y: "Quiero comer sus espadas".

Más: "Quiero la venganza de aves lascivas. Aves terribles de alas húmedas sobre el mar." Y: "Quiero luchar".

Entonces pienso en las olas impuras del océano y las sensuales hierbas de crema de limón de la luna.

Pienso: "Voy a dormir". Y: "Sueño con pelo gris". Y permanezco echada e inmóvil por un tiempo. Pienso: "Puedo hervir margaritas con pelo gris...".

Entonces rompo a llorar y las lágrimas fluyen hasta mis dientes. Pienso: "Todos tienen que morder redes de plata".

Todo el tiempo trato de pensar: "Los peces descansan en el mar". O: "Algunos peces flotan en el mar".

Y  me quedo muy quieta y me digo: "... En mitad de la noche... hay calma total... no hay cangrejos que vengan a por ti...".

Entonces me incorporo y formo una copa con las manos sobre mi nariz y sacudo la cabeza lentamente adelante y atrás.

El mundo se alza a ambos lados de mí. Pienso: "Tengo que morir".

Entonces me quedo en la misma postura por un tiempo.

La luna ondea y forma volutas a mi alrededor.

Pienso con claridad: "Tengo que acostarme boca abajo". O si no: "La luz de la luna se despliega por mi espalda como el mapa de alguien que quiere huir".

Entonces pienso con desánimo: "Arrendajos tiranos... que vuelan... alrededor". Y: "...Ladrones de fruta...". Y: "Halcones tricolores asesinos... con sus cantos".

Me acuesto de lado para que las lágrimas resbalen de un ojo al otro.

Digo: "Tengo que inventar oscuras rosas de ámbar nunca vistas...".

Entonces arreglo las sábanas que están enrolladas en mis tobillos y pienso: "Tengo que ser torturada".

Entonces continuo pensando cosas sobre la luna, como: "La luna es una bola de enganche plateada... serrada... de los remolques del mundo".

Me digo: "... Entrada la noche... un plácido monstruo marino... surge del mar... con algas en la cabeza... para mirarme...".

Pienso de nuevo en la luna: "La luna es un grillete de plata".

Entonces pienso en las aves que me rodean.

Me froto el estómago con las manos y pienso: "Oh, no". Y comienzo a llorar.

Arranco de un tirón largas lágrimas de mis ojos y miro a la distancia.

Lentos parpadeos se vienen abajo.

Entonces me aprieto la muñeca con fuerza y observo hincharse las venas, y así me vuelvo vascular a la luz de la luna.

Pienso: "Los pájaros son bellos autómatas". Y me doy la vuelta.

Envuelvo mi mente de satén y pienso en mi descontento. Me revuelvo.

Derramo más lágrimas que cruzan mi rostro y pienso: "No, no, no. Los peces están mordiendo el océano".

Pienso: "Los pensamientos son como terribles profesoras de ballet con sus bastones".



-- poema de Chelsey Minnis, de su libro "Zirconia" (2001, Fence Books)

-- traducción de Tive Martínez, 2016

-- fotografía: NYU Creative Writing