miércoles, 26 de marzo de 2014

"LA BELLEZA DE LAS ARMAS", de Robert Bringhurst


Acérquense a la poesía de Robert Bringhurst aquellos que crean en la perdurabilidad del mito como indagación de los misterios de la existencia. Huyan despavoridos los que conciban únicamente el poema como desahogo de un yo individual. Descompónganse los rostros de los que sólo busquen estar a la última: aquí no van a encontrar referencias a iconos y marcas contemporáneas, sino más bien feldespato, huesos, plumas, máscaras, hachas, sangre y volcanes.

Robert Bringhurst (1946, Los Angeles) es lo que comúnmente se ha llamado un humanista. Un maestro multidisciplinar con conocimientos detallados de Artes, Historia, Filosofía y Ciencia. Su obra no parece fundarse en la peripecia biográfica personal. Al contrario, en ella se escuchan voces ancestrales profundas de pre-socráticos, figuras bíblicas, pensadores egipcios y budistas. En particular, la épica de las naciones indígenas de Norteamérica, que es su especialidad académica.

Estos poemas, sin dejar de estar escritos globalmente por un autor moderno, utilizan en su confección técnicas de la parábola, la profecía, el hechizo, el epitafio, el canto ritual. No les encuentro un equivalente entre nosotros: puedo pensar en Octavio Paz y Chantal Maillard, acercando distancias. Desde ahora, él también -y tan bien- suena en nuestra lengua gracias a la traducción de Marta del Pozo y Aníbal Cristobo para Kriller71.

Parábola de las arpas (R. Bringhurst)

En el tambor del corazón,
el galope de caballos: el caballo
de los músculos, el caballo de los huesos.

En las flautas de los huesos, las voces
de los peces: los peces del estómago.
los peces de los dedos y de las extremidades.

En los arroyos de las extremidades
nadamos con los peces
y vadeamos a lomos de caballos que espumean.

En esta cama repleta de peces
y caballos, les ofrezco a los cuencos sonoros
de tus pechos las arpas de mis manos.