jueves, 23 de julio de 2015

"Hoz en la espalda", de ISLA CORREYERO

-- una reseña de José María Martínez



¿Cuál fue el último libro de Isla Correyero que tuviste la ocasión de leer, aquel que viste en tiendas o reseñado en prensa? ¿Tal vez fue "Amor tirano", con la añorada DVD Ediciones? Te recuerdo que ese libro fue publicado en enero de 2003, y anda tan buscado como su antología de poetas heterodoxos ("Feroces"), todavía más lejana en el tiempo y que ha adquirido cierta categoría mítica.

Quizás llegaste a saber de alguna oblicua manera que, el pasado 2014, la poeta anunció la creación de su propio sello editorial con un libro inédito junto a la reedición ampliada de "Diario de una enfermera", original de 1996. Con toda seguridad, no habrás tenido más noticia del proyecto. Catastróficas circunstancias lo llevaron al traste, para mayor crecimiento del malditismo y la marginalidad de su autora.

La buena noticia es que Isla Correyero regresa a Huerga & Fierro, donde ya publicara "Diario...", con nuevo poemario de título "Hoz en la espalda". Solo unos pocos espectadores lo conocían en su versión dramatizada (entonces todavía se titulaba "Divorcio") por el grupo de teatro de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca en 2014.

"Hoz en la espalda" se presenta como ópera (sic) divida en cinco cantos con siete personajes femeninos y uno masculino. Es, por tanto, un trabajo potencialmente ambicioso, con una estructura en actos que le aporta consistencia y empaque. Pero que nadie se asuste —Esta ópera u oratorio es un conjunto de poemas, ciertamente trabajados en su organización y cuidado en todos los detalles, pero poesía al fin y al cabo, sin acotaciones ni movimientos escenográficos. Es solo una manera que ha encontrado la autora de llamar la atención sobre la grandiosidad de su empeño, que es agotar al máximo y exprimir una temática hasta ahora inédita en la lírica española contemporánea.

Porque "Hoz en la espalda" va de eso, del hachazo a traición que supone para la mujer madura un divorcio tras toda una dedicada vida conyugal. Dicha temática la hemos encontrado más fácilmente en cine y telenovelas, en ciertas novelas femeninas, o directamente en las revistas y espacios televisivos de chafardeo sentimental, donde se explota el lado patético de los sentimientos, las lágrimas a chorro, el rímel corrido, los pobres niños que se quedan sin padre —puesto que la divorciada se acaba pareciendo mucho, en su explotación mediática, a otra figura nacional: la viuda desconsolada. 

Como digo, no es habitual que todo un poemario gire o se estructure en torno a esta temática, que parecía condenada al escarnio y la mofa. No me iré con rodeos —El divorcio había quedado fuera de los asuntos serios y literarios, donde van entrando poco a poco otras experiencias sufridas por la mujer, como por ejemplo los malos tratos, la violación, la discriminación laboral y social. El divorcio nos parecía cosa más bien burguesa, algo baladí, una suerte de fracaso menor. Con "Hoz en la espalda", el divorcio adquiere ecos de honda tragedia y se convierte en tema literario por derecho propio. 

Esta dignificación del drama de la mujer madura en nuestra sociedad basada en pequeños núcleos de convivencia, que se articulan en torno a una madre que cuida de la casa y de los hijos, más la ausencia —tan presente— de un padre que sale a trabajar y solo regresa para dormir, esta carga de profundidad sobre uno de los cimientos del patriarcado, la logra Isla Correyero con los recursos de una ópera del siglo XXI. Son cinco cantos/actos que consisten en una sucesión de arias brutales en verso libre, entrelazados por diferentes leitmotiv que se repiten implacablemente, arias femeninas que podrían ser interpretadas por la voz de Lulú de Alban Berg en una escenografía de interiores minimal y que son interrumpidas por la voz ominosa del hombre, que calla más de lo que canta.

En este momento, se me antoja una intuición terrible —Las siete voces femeninas son la voz de una misma mujer. No sé si un análisis textual concienzudo me daría la razón, pero a lo largo del poemario todo son indicadores: la camisa blanca, el perro Jacob, los hijos, la joven que es la excusa para la huída del marido, la casa que queda en propiedad de éste, el exilio de la desahuciada con sus escasas posesiones, el torpe consuelo de la poesía. De igual modo terrible, el hombre es uno solo y el mismo destructor de vidas para las siete mujeres.

"Hoz en la espalda", con su significativo subtítulo "Evolución de un divorcio", va un paso más allá de recibir y encajar los golpes —incluso más allá de ser una escritura femenina que consolará a una lectora modélica y de donde el incauto lector macho saldrá escaldado. En efecto, su estructura es evolución desde la negación (estupor ante los hechos), pasando por la ira, los pactos (el reconocimiento de la doble culpabilidad, la necesaria compasión), la depresión (por divorcio con la vida, más evidente en el marido cuya opción es el silencio), hasta culminar en el mayor de los esfuerzos —la aceptación.

La última serie de poemas, bajo el signo de la aceptación, resulta la parte más importante del poemario. La que debe haber costado más trabajo a la autora. En ellos vierte las conclusiones de toda una vida, como que la palabra nos salva (y el silencio de la incomunicación nos derrota), la fortuna de la libertad cuando la servidumbre acaba, la kantiana convicción de no poder ser feliz si no se tiene moral. Y la conclusión más bella y que corona todo el libro  —La bondad es la base de nuestra civilización. Sin ella no hay Amor que valga.

En cuanto a la escritura de Isla Correyero, en este nuevo trabajo encontraremos las constantes de su obra. Las voces en primera persona tienen esa engañosa facilidad, ese don de la palabra que combina lo retórico con el habla común, la experimentación con la vulgaridad, para que cada verso empiece y acabe como debe. Isla Correyero puede ser formalmente una poeta barroca —y lo es sin duda en el sentido existencial. Pero cada una de sus palabras está escogida para golpear y doler como ninguna otra.




viernes, 26 de junio de 2015

Dos libros de Alba Sabina Pérez


Leo a la vez dos de los libros publicados por Alba Sabina Pérez (Santa Cruz de tenerife, 1984). Uno es el libro de relatos "¿Quién cuidará de mis guardianes?" (Idea, 2013). Con él me basta para creer que cualquier cosa que ella me cuente será interesante.

Desde el más tradicional, con su planteamiento/nudo/desenlace satisfactorios, hasta los más abiertos y experimentales en los que juega con la perspectiva y el tiempo, todos tienen lo que hace falta: no les sobra ni una palabra, su pequeña intriga se resuelve -o no- sin trampas, dejan buen recuerdo, emocionan.

La autora posee la habilidad de sacar punta a cualquier recuerdo o anécdota cotidiana. Es más, sus mejores relatos se basan, aparentemente, en vivencias propias narradas en primera persona con nombres reales de personas de sus círculos familiares y sentimentales. Si esto es exhibicionismo, bendito sea el exhibicionismo cuando nos ofrece y nos conmueve tanto.

Otra de sus bazas es la composición de personajes fuera de lugar, en desarraigo físico y espiritual, con una peculiar capacidad para captar los mecanismos psicológicos de la infancia, adolescencia y primera juventud. En este sentido, los relatos pueden entenderse también como una celebración, un tanto elegiaca, de la amistad y sus vínculos.

En contrapartida, su libro de poemas "Ya nadie lee a Pentti Saaritsa" (Ediciciones La Palma, 2015) enfoca el tema desde la amargura y la traición. Aquí, los amigos que salen bien parados son esos que llamamos 'invisibles' o 'imaginarios', comenzando por el elusivo poeta nórdico del título, más una larga serie de personajes extraídos de lecturas y filmes.

Y es que el mundo real (Barcelona, Madrid) que pintan estos poemas no resulta nada  idílico. Tras la ruptura y los desencuentros, Alba Sabina Pérez nos emplaza en Vanishland, donde las metáforas cobran vida.

-- una reseña de José María Martínez

lunes, 25 de mayo de 2015

VIDA DE PROVINCIAS, de María Yuste

-- una reseña de José María Martínez



En idénticas condiciones biogeográficas, hay quien escoge el realismo sucio y se complace en detallar la degradación del género humano en verso y prosa. Y hay quien, como María Yuste (España, 1988), nace y crece en el suburbio, con vistas a descampados llenos de chabolas y barro, pero sencillamente es buena persona y su mirada se empapa de lágrimas ante el panorama desolador.


La vida en las provincias, en el puro desierto de sol y cemento, entre vecinos a los que has visto en bragas por la ventana toda la vida y que siguen siendo auténticos desconocidos, puede crear monstruos o puede revelar lo mejor de nosotros. María tiene una inteligencia sensible que le permite ver con cercana distancia todas las vergüenzas posibles del culo del mundo. La maravilla es cómo, de un lugar tan feo, puede surgir una escritura tan compasiva. 


Son emocionantes sus retratos de mendigos, de tontos y locos, de jóvenes sobre los que merodea el espectro de la droga y el subdesarrollo, junto a las fotografías del álbum familiar, de una familia cuyas peculiaridades y miserias apreciamos, porque ella nos las muestra con el justo pudor necesario para conmover y no hacer carnaza. Desde una infancia y adolescencia donde la máxima elección era ser de Camela o de Chayanne, el mayor atrevimiento ir al Cash Converters, María Yuste emerge pura y nos regenera a los que también pudimos vencer al mortal aburrimiento y escapamos del lugar maldito.

-- "Vida de Provincias", María Yuste (Honolulu Books, 2014)

miércoles, 29 de abril de 2015

SENSURROUND



            así arda el mundo

            crepiten verbenas bárbaras

            tracas de las bodas del vecino



            en tanto que redobla en nuestra casa

            el tamborín de tus pasitos

~    p     i     a     n     i     s     s     i     m     o    ~

            que van
                            sam
            ban
                      do


-- un poema de José María Martínez / Tive, 2015

viernes, 13 de febrero de 2015

HRISTO BOTEV - "POESÍA", edición de Zhivka Baltadzhieva



Hay personas que, por suerte o por desgracia, devienen personajes. Sirven entonces, como iconos, igual para un roto que para un descosido. Peor todavía cuando el individuo, con sus luces y sombras, es elevado a Padre de la Patria. Es el caso ejemplar del cubano José Martí, y el del fascinante poeta búlgaro Hristo Botev.

Botev vivió tan solo 28 años (1848-1876) y dejó apenas 20 poemas. La historiografía y la crítica oficial se cebaron en él, convirtiéndolo en un busto romántico. Ahora, la poeta y traductora búlgara Zhivka Baltadhzieva nos devuelve una figura más compleja y moderna. Con su barba de hipster, Botev es, gracias a la pasión de su traductora, nuestro contemporáneo.

En un español no nativo, en ocasiones áspero pero siempre comunicante, esta nueva traducción corrige y pone al día otras anteriores amazacotadas. Así, el poeta que renace en nuestro idioma, quien fuera luchador y víctima del doble yugo del Imperio Otomano y la Iglesia Ortodoxa, clama contra la necedad de gobernantes y gobernados. Sus palabras no pueden ser más actuales en estos momentos donde estamos librando la batalla contra la sumisión, tan bien profetizada por Houellebecq

Hoy, como Botev, también estamos en lucha contra dioses y endiosados. Hoy, Botev nos pone en alerta ante quienes se llenan la boca de Patria y Pueblo. También contra los sometidos que callan en este "cobarde mundo muerto" y contra los revolucionarios de taberna, que beben, braman y olvidan. En sus 28 años, Botev tuvo ocasión de experimentar todas las caras de la rebeldía.

Este volumen, el primero de una proyectada colección de autores del otro lado de Europa, es además un emocionante ejemplo de fusión entre traductor y traducido que nos ofrece claves íntimas para releer la propia poesía de Zhivka Baltadzhieva.

- una reseña de José María Martínez

HRISTO BOTEV - Poesía (Ediciones Amargord, colección Ala Este, 2014), selección, traducción y prólogo de Zhivka Baltadzhieva

SOLIDARIA

Recuerdo cuando se puso de moda la palabra solidaridad Y nadie la sabía vocalizar  soli-lali-dad   A los políticos se les trababa la lengua...