miércoles, 1 de febrero de 2017

"I Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas 2016" (reseña)



Escribo desde España con el asombro de quien asiste a un prodigio. Tengo en mis manos un libro hecho para ser leído. Tirada inicial de 1.000 ejemplares. En Venezuela.

Busco explicación en forma de escudos oficiales o logos que indiquen algún tipo de mecenazgo o apoyo institucional. Increíblemente son 1.000 ejemplares impulsados desde la iniciativa privada. 

En el seno de un país donde "no hay papel, no hay dinero, no hay nada, pero hay mucho que pensar y que decir", en palabras de la jurado Yolanda Pantin.

Sin ánimo de lucro, pero aprovechando al máximo la difusión que permiten las redes sociales —@TeamPoetero— y la venta de merchandising artesanal. Todo un ejemplo para promotores, premiadores y comerciantes.

Sus reglas fueron el envío de un único poema por autores menores de 35 años. Se recibieron unos 600 poemas, de los que salieron 3 ganadores y hasta 27 poetas más que también han sido seleccionados. Se trata de un libro de diseño atractivo en busca de la popularidad bien entendida.

No en vano el premio se instauró bajo la advocación de Rafael Cadenas, maestro de la claridad que no renuncia a los recursos formales y expresivos de la poesía contemporánea.

El aquí-y-ahora es nexo común entre los participantes. Con independencia de su individualidad, son poetas que se presentan en la plaza pública, lejos de capillas literarias y sus cripticismos. 

Hay espiritualidad y hay carnalidad. Y referencias al espacio social, marcado por la incertidumbre y la zozobra, junto a refugio provisional en los espacios de la intimidad.

En palabras de Yolanda Pantin, "la poesía tiene, por encima de otros valores, incluido el literario, el valor del testimonio humano". Ésa es la clave.

Consideraré brevemente los 3 poemas ganadores. "Canto 14" de Willy McKey (Caracas, 1980) obtuvo, con total merecimiento, el primer premio. Su canto es poderoso, estricto en el aspecto formal, con implacables repeticiones que caen como redoble de campanas de un réquiem por los vivos, víctimas de la tragedia de un país que basó su riqueza en el petróleo: elixir de muertos.

"Angustia" de José Soledad (Caracas, 1991), segundo premio, expresa en su letanía sofocante la disyuntiva del ciudadano en la gran urbe, "laberinto del odio", atrapado también en las fantasías sustitutivas de su cuarto.

El tercer premio, "Sueños de papel" de Luís Barraza (Santa Rita, 1990), comparte con el anterior cierta atmósfera kafkiana en su composición fragmentaria, desvelada, del despertar y otros gestos cotidianos dentro de un cuerpo que se asume "pesado paquidermo".

Los 27 poemas restantes deparan nuevas lecturas. Por mi parte, seré frecuentador de este libro asombroso con el que tomar el pulso de una literatura vibrante. Son 30 jóvenes venezolanos que buscan explicarse —y explicarme— su vivencia de tiempos oscuros con voces claras.

-- "I Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas 2016" (@AutoresVzlanos, 2016)

-- una reseña de Tive Martínez