sábado, 21 de febrero de 2015

Nuevos libros de Gabriela Wiener

-- un reseña de José María Martínez / Tive, 2015




Se abre "Llamada perdida" (Malpaso, 2015), la nueva recopilación deliciosamente miscelánea de Gabriela Wiener, con una "Advertencia" o especie de defensa de su escritura:
"Creo que lo más honesto que puedo hacer literariamente es contar las cosas como las veo, sin artificios, sin disfraces, sin filtros, sin mentiras, con mis prejuicios, obsesiones y complejos, con las verdades en minúscula y por lo general sospechosas."

A estas alturas —a estas lecturas de Joan Didion— la justificación debería ser innecesaria. La ficción está sobrevalorada. La ficción ha calado tanto en nuestra manera de entender y narrar la realidad que hemos conseguido deformarla. No necesitamos más ficción. Ya nos han contado demasiados cuentos.

La literatura de Gabriela Wiener (Lima, 1975), rara ave emigrada a España, se nutre de la realidad y se expresa en primera persona púdicamente desinhibida, derramando sentimentalidad cruda, tierna rudeza y un humor negro característico aplicado principalmente a sí misma.

Sus primeros reportajes, por ejemplo los recogidos en "Sexografías" (Melusina, 2008), la convirtieron en referente  del periodismo gonzo. Era la joven deslenguada que vivía por nosotros las experiencias más peliagudas. "Nueve lunas" (Random House, 2010), su maravillosa crónica de embarazada, demostró que la vida privada era el más fascinante de los mundos. Nos conmovió con sus vivencias personales como mujer extranjera económicamente en vilo y nos hizo amar a su pequeña familia. 

En "Llamada perdida" volvemos a ser voyeurs privilegiados de su cuerpo y su universo de amistades y familiares. Volvemos a saber lo que ella nos permite de Jaime y de la niña Lena, de Lima y Barcelona. Su estilo ha madurado espléndidamente, adquiriendo un tono lírico que estaba latente y que ahora alcanza altas cotas de emoción. "Llamada perdida" genera abundantes sentimientos de empatía y lágrimas. Pero ya no somos simples mirones, ahora podemos además vernos reflejados en un espejo y reírnos con ella de nosotros mismos.

Descubrimos también un nuevo tono político en este libro lleno de subrayables:
"Detengámonos por un día. Un día. Intentemos vivir al margen, no producir como nos dicen que produzcamos, no consumir como nos dicen que consumamos. No participar del sistema. No hacer nada. (...) Hay que organizarse, crear redes, establecer alianzas, rescatar la tribu. Resistir. No hacer nada."

También debuta como crítica literaria alternativa con dos magistrales retratos-entrevista a Corín Tellado e Isabel Allende —donde Roberto Bolaño, después de haber sido venerado en el primer capítulo, recibe de lo suyo. Es marca de la casa: Gabriela es "rara, extrema, contradictoria", gratamente incómoda y culo de mal asiento, droga para lectores libres.

"Llamada perdida" hace referencia a cierto "mítico libro de poemas inédito". Tras años de ser "poeta secreta", el libro ya ha sido publicado. Podemos no entender "Ejercicios para el endurecimiento del espíritu" (La BellaVarsovia, 2014) de varias maneras, y leerlo mal al margen de una biografía que está ahí, con sus lugares y recuerdos habituales o creyendo que ya lo sabemos todo porque nos lo ha contado antes con pelos y señales en prosa.

Pero la poesía, el género que más se presta a imposturas, en manos de Gabriela Wiener es el que más fielmente refleja la realidad. No para embellecerla o enmascararla. Es la realidad que sucede toda dentro de nuestra mente y que se explica mejor con metáforas y recuperando los juguetes de la infancia.

La poesía herencia de un padre cuyos poemas deconstruye la obliga a condensar en unos versos lo que efusivamente trató de contarnos con un mayor número de palabras y alardes de desparpajo. En este esfuerzo, fuera de ironías, logra Gabriela hacer recuento de su vida sin tener que crear un personaje. Sin minifalda de cuero y sin maquillaje, más desnuda y presente que nunca.