miércoles, 30 de noviembre de 2016

"FOLLAR", de LUCÍA DOMÍNGUEZ (reseña)

-- una reseña de Tive Martínez, 2016




Bien por Libros En Su Tinta, por la edición en condiciones del debut de Lucía Domínguez  así tendría que ser el estándar de impresión en nuestro país, y no el papel del culo que se nos vende con letra de hormiga y tinta invisible.

Pero, por otro lado, no me convence la ilustración de portada: un óleo fetichista de L. E. Gav Thorpe. A primera vista, le da un toque de fantasía sicalíptica, cuando resulta que el tema de la novela es el contacto brutal con la realidad.

Ilustración sepsi y título explícito pueden llevarnos a pensar que vamos a leer una de esas memorias eróticas de ninfómana o lolita tras las que muchas veces se esconden señores autores barbados. O, si no pasamos de las primeras páginas, que se trata de un revival de aquellas novelas ochenteras, de cuando se estilaban los testimonios y confesiones con foto de Linda Blair en la cubierta.

"Follar" es otra cosa. Luci nos hace sentir en primera persona lo que es aguantar con paciencia todo un desfile de individuos impresentables entre sus piernas. No es que, como ella misma dice, no tenga éxito con los hombres: es que ella es un imán para colgados y garrulos. Algo así como la Hanna de "Girls", con la que comparte pasión literaria.

Follar por aburrimiento. Por inercia. Por soledad. Pero principalmente por compasión, en unos escenarios (pisos compartidos, váteres de garito, rellanos, solares) desoladores donde los únicos momentos de ternura se deben al alcohol y las baladas heavies.

Cuando sucede el único de los momentos de verdadera química sexual, significativamente en ausencia de 'romanticismo' pero con verdadera conexión de iguales, entonces dan ganas de aplaudir,  como anteriormente daban de abuchear a los babosos partenaires y no hago demasiado spoiler si adelanto que dicha conexión está condenada a ser fugaz.

Si se quiere, se puede hacer de "Follar" una lectura feminista o política. Luci busca pareja, busca casa y trabajo. Lo mismo ocurre con el resto de personajes que entran, salen y desaparecen de su vida. Todos viven en condiciones muy precarias, en la periferia de Barcelona o en uno de esos pueblos costeros catalanes con tiendas de bisutería a lo Bolaño

Pero la autora nunca hace una denuncia muy explícita. Este es uno de los aciertos de la novela. Como las pinceladas grotescas que definen personajes y escenarios. Siempre con la ternura mezclada con el humor más bestia.

"Follar" interactúa sin saberlo con otras dos novelas debutantes publicadas este año. Por ejemplo, es el reverso oscuro de "Las brillantes luces de la ciudad" de Daniel Rabal Davidov. Ambas comparten gran urbe y escapada a pueblo de mar, ambientes musicales y personajes secundarios que van y vienen, como en la vida misma. Pero, ¡qué distintas son!

La otra novela, también titulada en infinitivo, es "Partir" de Lucía Baskaran, ciertamente emparentada aunque divergente en construcción y estilo —"Partir" es mucho más 'novela' . Las dos Lucías se entregan en los detalles escabrosos, les puede el humor negro. Las dos sufren la idiocia, cuando no la violencia, de los hombres llamar 'machos' a estos incompetentes sería un halago.

La protagonista de "Partir" es mucho más estirada y cruel, mientras que Luci es un trozo de pan del que todos mojan —pero da lo mismo, ambas son igual de frágiles. "Partir" y "Follar" acaban emparentando a su vez con la crónica de la enfermedad mental de la pionera "La campana de cristal" de Sylvia Plath.


-- "Follar" de Lucía Domínguez ha sido publicada por Libros En Su Tinta, 2016

jueves, 24 de noviembre de 2016

CONJURO



Ahora que la sombra de la corrupción, Rita,

se abatió sobre ti, inclemente y definitiva,

que la pureza de tu cadáver regenere la tierra

sucia de pecados de otras santas y brujas.




-- un poema de Tive Martínez, 2016 

-- fotografía: EFE

DÍA DE LA FRUTA

¿Acaso sabe una madre bajo qué sombra
se pudre la desterrada merienda?
No, no lo sabe. Ni lo imagina.

¿Cómo reconocer la manzana
que el niño arrojó, sin descarnar,
en esta desecada momia?

¿Que aplastó con sus manos el fruto,
como quien revienta una víbora
por el placer de desentrañarla?

La madre trocea medialunas
de pera, lo mismo si cercenara
sus uñas y las aderezara.

Colorido sepulcro, el tupperware,
El kleenex como sudario.
Cuna de larvas de los mosquitos.

¿Quién medrará estallando naranjas
con la indolencia del que destroza
ácidos cráneos de alienígenas?

Vitamina sumida en el asfalto,
meticulosamente mordisqueada
por aureolas de hormigas.

La desnutrición avanza en tanto
no distinguimos corazas de cucaracha

de pellejos de mandarina.



-- poema y fotografía de Tive Martínez, 2016

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Planet Mermaid, by LEZA CANTORAL (review)


-- a review by Tive Martínez, 2016




Leza Cantoral's debut novelette is dedicated to Walt Disney, H. C. Andersen and Miley Cyrus. With such a background, 'Planet Mermaid' happens to be a funny weird remake of the much-loved fairytale, introducing a twisted happy-end. 

Here's a bitchy Sea Witch and a mute teen siren that longs to come out from the sea, but don't expect your handsome prince to marry her. When the human male enters, he acts as a man is supposed to: roughly forcing his way into any hole of hers.

The whole story brings a spooky turn of the screw to your classic fantasy. Leza's mermaids are pale, cold and slimy abyssal creatures. Consequently, men and mermen use and abuse them as helpless sextoys. 

Bizarre as it seems, 'Planet Mermaid' doesn't lack its sort of veracity. Despite some misplaced piranhas, Leza succeedes while creating a complex underwater world with a detailed culture of rites and beliefs, even an epic past and future. I'd appreciate a longer narrative in order to develope this cool allusions.


-- 'Planet Mermaid' (2015, Dynatox Ministries) 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Un poema de KATE LITTERER


-- traducción de Tive Martínez, 2016




Anoche con un vestido rojo, observé que

si las mujeres son cervatillos, tímidos en sus copas, martini,

entonces el hombre que me violó hace años,

enorme y amenazador, es un lobo negro,

es un trago de whisky.

Se pegó a mí: su aliento apestaba

como una herida. Yo me convertí en océano

y despaché marea tras marea hasta

que mi vestido de roja carne fue el pellejo de un gamo

empapado en agua de mar hasta que la piel

se curtió y se hizo grietas.


Primero estábamos vestidos, luego bajo nuestras ropas

desnudos y de un color carne anonadado, él

amagando una botella de licor y

yo misma. Me camuflé de negro,

por incitación o por miedo,

formamos un bucle, el ruido de trenes

se tradujo en ladridos hasta que tremolé

como una cajita de música.


Si cerraba los ojos, oía trenes.

Mi madre y yo mirábamos graffitis pasar

y fumábamos, espaldas contra el ladrillo rojo de la estación.

Red Brick Station es el nudo de esta ecuación;

fumábamos y yo dejé de contar al llegar a cien.

El hombre que me violó. Cien. Madre,

córtame el pelo y bórrame en partes para dejar sitio.


-- poema de Kate Litterer
incluído en su debut "Ghosty Boo" (A-minor, 2016) 
Kate Litterer reside en Massachusetts