sábado, 23 de abril de 2016

LA INTIMIDAD, de Roberto Videla (reseña)


-- una reseña de Tive Martínez, 2016



Leo de un tirón "La intimidad" (Mansalva, 2015) tras haber leído, de igual manera, "Perla" (Llanto de Mudo, 2014), unidas ambas por la identidad de su autor, el profesor y actor Roberto Videla, por el contenido autobiográfico Perla es el nombre de su madre, protagonista del relato de un regreso imposible al hogar infantil y por una misma sensibilidad que lo convierte en escritor de prosa transparente, sin alardes retóricos, atenta al detalle sensorial.

Habrá quien considere que "La intimidad", con su descripción pormenorizada de sucesivos encuentros y desencuentros al amparo de la "permisividad hipócrita" que gobierna en antros homosexuales al margen de la sociedad, es muy distinta de la anterior novela en la que se trataba del amor materno-filial. Por el contrario, la mirada y la voz del narrador de "Perla" son las mismas que contemplan y dan cuenta, con la distancia que conlleva el asombro, de cada una de las escenas en las que participa como espectador o como elemento activo en un carnaval de cuerpos desnudos. Idéntica es la sensación de no pertenencia a un mundo cerrado en sí mismo en el que deambula como extraño entre desconocidos.

Roberto Videla detalla minuciosamente la mecánica del deseo y sus acrobacias, sin voluntad de erotizar al lector. Se trata de una pornografía absolutamente explícita que reitera movimientos y planos en una serie de pequeños capítulos, con fecha y lugar de ejecución, hasta culminar en el estupor de todo nirvana. Solo después de la necesaria enumeración de rasgos, anatomías, medidas y fluidos derramados, es en los capítulos finales, de mayor extensión, donde el autor revela el sentido de tan prolijo relato: la liberación de los límites impuestos por el yo social, en un submundo donde no importa quién eres ni qué has sido. En esas tinieblas donde se confunden suciedad y belleza, dolor y felicidad.

Encuentro similitudes con la primera novela de Luís Capucho, "Cinema Orly", que comparte escenarios con "La intimidad". Pero, donde en la escritura de Capucho suena punk y blues descarnado, aquí escuchamos milonga y tango. A diferencia del nihilismo blasfemo del autor brasileño, que escribió su libro en el filo entre la vida y la muerte, el argentino Videla se caracteriza por una ternura masculina llena de compasión por los defectos y fallas del ser humano. Dos maneras complementarias, entre la elegía y la última carta de amor, de arrastrarnos consigo en su descenso al Paraíso, o subida a los Infiernos que vienen a ser lo mismo.

domingo, 17 de abril de 2016

Alborada con ciudad en llamas, por Ocean Vuong



Vietnam Sur, 29 de abril de 1975: la Radio de las Fuerzas Armadas transmite "Blanca Navidad" de Irving Berlin como código para dar comienzo a la Operación Viento Constante, la evacuación definitiva de civiles norteamericanos y refugiados vietnamitas en helicóptero durante la caída de Saigón.




            Pétalos de magnolia en la calle

                                                     como retales de un vestido de niña.



  Que tus días sean dichosos y llenos de luz ...



  El hombre llena una taza de té con champán, y la ofrece a sus labios.

            Abre, le dice.

                                        Ella abre.

                                                      Afuera, un soldado escupe

            el cigarrillo mientras sus pasos

                            llenan la plaza como piedras caídas del cielo. Que todas

                                         tus Navidades sean blancas mientras el guardia de tráfico

            desabrocha su pistolera.



                                        La mano del hombre recorre el dobladillo

  de su vestido blanco.

                            Ojos negros.

            Cabellos negros.

                            Una sola vela.

                                        Sus sombras: dos mechas.



  Un camión militar acelera en la intersección, sonido de niños que gritan

                                        en el interior. Una bicicleta atraviesa

            el escaparate de una tienda. Cuando el polvo escampa, un perro negro

                            yace en la via, jadeando. Sus patas traseras

                                                                                   aplastadas bajo el resplandor

                                                       de una blanca Navidad.



  En la mesita de noche, un ramito de magnolias exhala el aroma de un secreto escuchado

                                                                      por primera vez.



  Los árboles relumbran y los niños escuchan, el jefe de la policía

                                boca abajo en un charco de Coca-Cola.

                                             Una pequeña fotografía de su padre se empapa

                junto a su oreja izquierda.



  La canción atraviesa la ciudad como una viuda.

                Una blanca...    Una blanca ...    Sueño con una cortina de nieve



                                                          que cae de sus hombros.



  Nieve repiqueteando en la ventana. Nieve triturada



                                           con fuego de armas. Cielo rojo.

                              Nieve en los tanques que rebasan los muros de la ciudad.

  Un helicóptero lleva a los supervivientes fuera de su alcance.



            La ciudad tan blanca está lista para entintar.



                                                     La radio dice corred corred corred.

  Pétalos de magnolia sobre un perro negro

                            como retales de un vestido de niña.



  Que tus días sean dichosos y llenos de luz. La mujer dice algo

            que ninguno de los dos puede oir. El hotel tiembla

                        bajo sus pies. La cama un campo de hielo

                                                                                            frágil.



  No te preocupes, dice el hombre, mientras la primera bomba ilumina

                             sus rostros, mis hermanos han ganado la guerra

                                                                       y mañana ...    

                                             Las luces se apagan.



  Sueño. Sueño...    

                                  con escuchar campanillas en la nieve ...    



  Abajo en la plaza: una monja, ardiendo,

                                            corre en silencio hacia su dios — 



                           Abre, dice él.

                                                         Ella abre.


  -- un poema de Ocean Vuong
  -- traducción de Tive Martínez, 2016
  Ocean Vuong es un poeta nacido en Saigón y  residente en Nueva York.