viernes, 19 de febrero de 2016

SOLITARIO


                                       "meu partido / é um coração partido"
                                                                                                    (Cazuza)



por qué no en los parques
si solo es un juego

o mejor en descampado

festejar las derrotas
victorias de campo afuera

si solo fuera jugar descalzo

de barro las medallas
banderas de hoja de lata

será que no es un juego

o que yo no sé jugar
sin hacer trampas

por el contrario

contra mí mismo
no comer por no matar

empatar por empatía

ponerse del otro lado
ganando al perder

o tal vez perder las ganas

de puro aburrimiento
de todos contra todos

entonces jugar solo


-- un poema de Tive Martínez, 2016

miércoles, 17 de febrero de 2016

LAS BRILLANTES LUCES DE LA CIUDAD, de Daniel Rabal Davidov

-- una reseña de Tive Martínez, 2016



Tengo la doble sospecha de que la escritura de esta novela parte de un diario personal del estudiante que todavía es su autor, y de que su manuscrito original apenas ha sido editado por nadie más que él. Eso está bien, porque nos hemos acostumbrado demasiado a que los adultos sean quienes seleccionan vivencias o fantasías de su adolescencia para pasarlas por el filtro de la nostalgia, cuando no de la idealización y, definitivamente, de la literatura.

Daniel Rabal Davidov cuenta su experiencia adolescente sin filtros, tal cual en el momento en que sucede, y entiendo que lo que cuenta le ha sucedido de verdad, pues todas los detalles coinciden con lo que él mismo hace público, por ejemplo, en su cuenta de Facebook.

Por otro lado, esta inmediatez afecta a la novela en sí misma, en la que no hay personajes como tales, sino personas que aparecen y desaparecen como en la vida real. Aquí no hay intriga o conflicto que se nos plantee. Simplemente, un año en la vida de un chico de 16 años.

Su voz se caracteriza por un enorme candor junto a una desbordada tendencia a lo sublime. Este es otro de los valores de su escritura, que por otra parte también la lastran en su exceso de Mayúsculas y exclamaciones. Tal y como se muestra, Daniel es un completo neo-romántico, con ansias de Absoluto y Elevación. A ras de suelo, esto se traduce en lo habitual de todo adolescente: sexo, música y política, llevados al extremo de la Pasión, ya sea por propia personalidad o por lecturas desmesuradas de Lord Byron.

Pero Daniel no es ni un Rimbaud ni un Lolito. En realidad, tiene todavía mucho de niño. Su mundo es el de las discotecas sin alcohol, los veranos en la playa, los paseos por una ciudad (Madrid), llena de luz y promesas, que todavía no le ha mostrado sus miserias.

La única droga mencionada es la propia adrenalina. El sexo llega poco más allá del juego de atrevimiento o verdad y el petting. Es así su reconfortante ingenuidad, en la que cada centímetro de piel acariciado (por debajo o por encima de la ropa) es un paso emocionante en la vida. En cuanto a la política, amo su pensamiento limpio de ideología, con todo y sus contradicciones a mí también me desesperan los piji progres, Daniel!

En cualquier caso, este libro es un debut genuinamente inmaduro, al que hay que apreciar tal y como se entrega, sin pedirle más. A mí me ha ofrecido sorpresas muy agradables, como la palpable fisicidad de los encuentros entre muchachos y muchachas libres en estos tiempo de tiranía de lo virtual. Gracias, Daniel, por recordarnos el valor de cada conversación, cada momento compartido con los amigos, cada beso único.


--- "Las brillantes luces de la ciudad", de Daniel Rabal Davidov, ha sido publicada por Amargord Ediciones.

domingo, 14 de febrero de 2016

SIRENAS, por Sarah Howe




piquerel, 1 - m. Lucio joven; varias clases más pequeñas de lucio norteamericano
piquerel, 2 -m. Pequeña ave zancuda, esp. el correlimos, Calidris alpina



La veo con claridad, como si yo misma la hubiera conocido:
            la mirada presta de Jane en el poema de Roethke
esa delicada elegía para una de sus estudiantes que cayó
            de su montura. Mi verso favorito fue siempre su
sonrisa esquiva de piquerel. La chispa que cruza su cara
            y el río de mi pensamiento, tan rápida y brillante                                         
y tímida como el plateado alevín de pez que, visto
            y no visto, se esconde en las turbias aguas y las algas;
una espiral de verde y burbujas, todo lo que deja atrás.


Estaba tan segura de la vitalidad de la chica muerta,
            su sonrisa derribada, como por un traspiés,
hasta que una tarde lluviosa de Cambridge, paraguas
            en mano, me dirigí a la calle Magdalene al encuentro
de un viejo amigo. Traspasamos la puerta de El Piquerel
            bajo su letrero con el pez retorcido; tras una copa
la conversación recayó en Roethke, su sonrisa de piquerel, y
            yo tuve una de esas visiones, primero borrosa y luego
enfocada, como en un ajuste óptico de la imagen, cuando descubres


cuánto tiempo has estado viendo las cosas de manera equivocada.
            Nunca había reparado que en cada estrofa, incluso en la primera,
Jane es un pájaro: una curruca o pinzón, inquieto polluelo.
            ¡Me había confundido de piquerel! En mi cabeza, su
sonrisa evolucionó abruptamente: ahora, el pico alargado
            de un ave zancuda, un correlimos o agachadiza, apareció
en escena. Vi con una nueva luz las temerosas zancadas
            de la chica, su cabeza proyectada, su torpeza cercana
a la gracia, deambulando sobre el espejo embadurnado


del lodo de un estuario. En Homero, las erinias son criaturas
            voladoras a las que las Musas cortaron las alas como castigo.
En el Renacimiento, las plumas les serán cambiadas
            por una cola escamosa de sirena. En el emblema de Alciato
(impreso en Padua, 1618), el grabado muestra un par
            de doncellas con garras de gallina, que prometen revelaciones
mántricas a un Ulises ligado al mástil. Pero la subscriptio
            habla de mujeres contra naturam, provistas de partes
traseras de pez: pues la lujuria produce monstruosidades.


O tomemos el comienzo del Ars Poetica de Horacio,
            donde amonesta a los poetas que osan demasiado y juntan
lo violento con lo manso, serpientes con pájaros, creando espantos
            tales, dice, como una bella cintura culminada en
un negro y horrible pez. La chica-piquerel nada a través
            del trampantojo de mi imaginación como un juego
de perspectivas, una fotografía ondulada: pez por un lado
            ave por el otro. ¿Pudiera ser que Roethke aludiera
al extraño doble sentido de la palabra? Ni padre


            ni amante. Un tutor observa a la chica respetuosa que
una tarde de invierno llama a la puerta de su estudio,
            y comprende la reticencia de Horacio a las fantasías.


-- un poema de Sarah Howe ("Loop of Jade" - 2015, Chatto Poetry)
-- versión española de Tive Martínez, 2015