jueves, 24 de septiembre de 2015

SIN ESCALAS, de Duli Martínez



"Sin escalas" consiste en un atadillo de hojas interiores de un pasaporte su parte más tierna, invalidado por la intervención de la artista, pero válido como documento de identidad poética presta al vuelo.

Duli Martínez ha conservado el formato y las ilustraciones oficiales de un pasaporte común, con su colección de animales migratorios, y les ha devuelto su belleza borrada por la burocracia de las fronteras.

Versos de espíritu aforístico tweets poéticos, impresos con tipografía de máquina de escribir vintage, son los nuevos visados a estampar fuera de las normativas. Desplazamiento libre, sin cubierta.


-- una recomendación de Tive Martínez, 2015

miércoles, 23 de septiembre de 2015

María Part / Carolina Otero (reseña)

-- una reseña de Tive Martinez, 2015




Dos novedades de poetas valencianas llegan para alegrarme la semana. Ambas por cortesía de Ediciones En Huida y con ilustración de portada bonita de Raquel Eidem.



"Castigo divino el de matarnos los domingos" es el debut de María Part (1989) fuera de los escenarios teatrales donde resulta más habitual. Tiene tablas, María. Y muy buena dicción: sus poemas son ideales para ser declamados o interpretados, dentro de esa temática de amores y desamores cotidianos en la que es fácil caer en la tontería. María lo evita con una voz distintiva, sentido del humor no cargante y dominio de la situación:



Sé que en su día

prometí

que no te volvería a escribir.

Promesas,

como tantas otras,

de las que Ferreiro dice que "no valen nada".

Y es que

cuando a una verdad a medias

le pones acento vigués

se convierte en irrefutable.


protagonista de mis todos

poemas

pajas

frases en servilletas

del último bar en el que compartimos un algo (...)



Resultará interesante leer a María Part en otros registros, que se apuntan en poemas como "Suspenso en ortografía":



Detenerse siempre.

Atenerse a las circunstancias.



Atenerse a las circunstancias

de tenerse siempre.



Aquí

los ojos del lingüista

sólo ven.



-Ven solo-



Caracteres,

quizá carácteres.



Cobardía

e

inconsciencia

a dos espacios

de distancia (...)


Carolina Otero (1977), la autora de "Balada del rímel corrido", también frecuenta los escenarios, en esta ocasión musicales, al frente y junto a bandas como The Someone Elses o Lülla, entre otras. Esto me lo pone a huevo para decir que Carolina tiene carretera a sus espaldas, puesto que es autora de cierto volumen de obra poética y narrativa desde los diecinueve años. La inspiración musical es obvia en las propias citas que anteceden a los poemas, varios de ellos con explícita banda sonora. Por no decir que el prólogo es nada menos que del entrañable Julio Ruiz, uno de los mayores defensores de la escena indie.



Su libro se abre con "Poemas del Cuerpo", cuerpo que siente como frágil ropaje impuesto. En varios momentos la poeta alude a la incomodidad con ciertos rasgos físicos o la necesidad de escapar de sus límites mortales, como buena actualizadora de la temática barroca en torno a la brevedad de la vida, y la juventud en particular. Es el momento en que a una se le revela la incongruencia de ir vestida y maquillada como "princesita", cuando se es toda una "reina de lo tremendo", una "zarina de la hez". Tal vez, Carolina se siente así, "emperatriz de la tragedia", pero sus poemas poseen un humor desdramatizador con el que quita hierro a lo que, en otros temperamentos, amargaría la existencia. La melancolía y la nostalgia, al fin y al cabo, nos embellecen la vida, qué porras.



"Animal" es un intermedio que plantea el deseo como única alegría que burla la maldita rueda del naces-trabajas-mueres. O, al menos, el deseo, con su desconcierto, socava la grisura de los días. La segunda y última parte, "Poemas de la noche", se abre con Patti Smith y se cierra con PJ Harvey (no es Carolina, creo,  de las de "Marry the Night" de Lady Gaga). Poemas sobre la soledad y los bares, territorios en los que abunda la pose, y donde con la oscuridad es difícil distinguir a veces entre los falsos y los verdaderos malditos. Aunque en ocasiones tienten la pistola y la ventana, la compañía de la mejor amiga y unas vacaciones al sol ayudan a escapar de pensamientos fúnebres.



Me ha encantado leer los dos libros, descubrir una nueva voz y confirmar la buena impresión que me dejó el anterior "43 m2". Carolina Otero escribe poemas preciosos como estos:



TRISTE FALDA



Cuánto debes correr

para ser una niña

de nuevo, con cielo en la cara,

lápices de colores

y el pelo revuelto de amor.

Cuántas veces cantaste

para que te dejaran

en aquel patio del colegio

de cipreses machadianos

(vestido: espacio

partido tiempo,

vestido azul y sol naranja),

mirando el éter derramarse

sobre tu triste falda.

Cuánto vale el billete,

barquero amable;

ponga solo la ida

que la vuelta es a rastras.





VARIACIÓN DE UN TEMA ÁRABE



Busco la estrella

que él ha contemplado

mientras fumaba en el balcón,

por si nuestras miradas ciegas

se encuentran. Pero el cielo

de la urbe es turbio café

y, de todas maneras,

creo que aquél prefiere

-el de los ojos de gacela-

su pantalla de ordenador

tan plana, a la noche abierta.


-- "Castigo divino el de matarnos los domingos", María Part (Ediciones en Huida, 2015)
-- "Balada del rímel corrido", Carolina Otero (Ediciones en Huida, 2015)

domingo, 20 de septiembre de 2015

"PARTO", de Mina Loy

-- traducción de Tive Martínez, 2015



Yo soy el centro
De un círculo de dolor
Que excede sus límites en toda dirección


Los asuntos del aburrido sol
No son de mi incumbencia
En mi congestionado cosmos de agonía
Del que no hay escapatoria
En infinitamente prolongadas vibraciones nerviosas
O en contracción
Hasta el núcleo exacto del ser


Localiza la irritación     afuera
Ahí                                adentro
                                     Adentro
Ahí afuera
El área sensibilizada
Es idéntica              a la extensión
De la intensidad


Yo soy la cantidad engañosa
En la armonía de la potencialidad fisiológica
Con la que
Logrado el auto-control
Debería estar en consonancia
A tiempo


El dolor no es tan fuerte como la fuerza de resistencia
El dolor se incorpora en mí
El combate está igualado


Una voz llena la ventana abierta
El pintor de retratos de moda
Corre escaleras arriba al apartamento de una mujer
Cantando
               “Todas son lindas relindas
               Todas son bonitas
               Con su pelo rizado
               O —”
Por atrás de los pensamientos que dejo
cristalizar
Preñada             Bestia
¿Por qué?
               Esa irresponsabilidad del macho
Otorga a la mujer una superior Inferioridad
Corre escaleras arriba


Y yo escalo una montaña deforme de agonía
Como efecto secundario del agotamiento del control
Alcanzo la cumbre
Gradualmente me entrego a la anticipación del
Reposo
Que nunca llega
Pues otra montaña crece
Que espoleada por lo inevitable
Debo atravesar
Atravesandome a mí misma


Algo en el delirio de las horas nocturnas
Se confunde mientras intensifica la sensibilidad
Emborronando los contornos espaciales
Ayudando así a la elusión de lo circunscrito
Del que ese balbuceo de bestia salvaje crucificada
Llega tan y tan lejano
La espuma en los músculos elongados de la boca
No forma parte de mí
Existe un clímax en la sensibilidad
Cuando el dolor se sobrepasa a sí mismo
Deviene exótico
Y el ego triunfa al unificar los polos positivos y
Negativos       de la sensación
Juntando las fuerzas opuestas que se resistían
En una revelación lasciva


Relajación
Negación de mí misma como unidad
            Intermedio de vacío
Tendría que haber sido vaciada de vida
Al dar vida
Dado que en una crisis la consciencia          a toda prisa
Atraviesa depósitos subliminales de los procesos
Evolutivos


¿Acaso no he
Vislumbrado
En algún lugar
Una polilla de alas blancas como la muerte
Que deposita sus huevos?
Un momento
En su realización
Puede
Vitalizado por bautismo cósmico
Suministrar la correcta apología
Para la objetiva
Aglomeración de actividades
De una vida
VIDA
Un paso adelante con la naturaleza
Hacia la esencia
De la impredecible Maternidad
Contra mis muslos
Tensos de un movimiento infinitesimal
Apenas perceptible
Ondulación
Humedad                    del calor
Latido de una vida incipiente
Vertiendo en mí
Los contenidos del universo
Madre soy
Idéntica
A la infinita Maternidad
            Indivisible
            Intensamente
            Soy absorbida
            Por
El siempre-ha-sido-y-será
De la reproducción cósmica


Emerge del subconsciente
La imagen de una gata
Con las crías ciegas
En su regazo
El mismo fluido vital ondulante
Yo soy esa gata


Emerge del subconsciente
La imagen de una pequeña carcasa animal
Cubierta de moscas azules
— Gourmets –
Y en esos insectos
Fluye la misma ondulación de vida
Muerte
Vida
Voy conociendo
Todo sobre
La evolución


A la mañana siguiente
Cada mujer-del-pueblo
De puntillas sobre el rojo tupido de la alfombra
Cumple con sus labores en silencio
Cada mujer-del-pueblo
Luce un halo
Un halo ridículo
Que excelsamente ignora


Una vez escuché decir en la iglesia
— Hombre y mujer los creó —
Y a Dios gracias.



-- "Parturition", poema de Mina Loy (1914)
-- pintura de Hanako Mimiko